A diferencia de las terapias génicas, estas tecnologías no reparan ni introducen genes en el interior de las células, sino que bloquean o “silencian” la expresión de un determiando gen.
Las terapias “Antisense” se dividen en 2 tipos dependiendo del nivel, o fase, en que actúan. El mecanismo de acción puede dirigirse al bloqueo de la transcripción de un gen, impidiendo que la maquinaria de transcripción -RNA polimerasa, factores de transcripción, ...- acceda hasta él. El segundo tipo de técnicas actúa tras la transcripción, empleando un oligonucleótido -hebra de DNA/RNA- complementario (“antisense”) del mRNA que sintetiza la proteína objetivo: al unirse al mRNA antes de que alcance los ribosomas, la cadena “antisense” bloquea el mRNA e inhibe el proceso de traducción y la expresión del gen causante de la dolencia.
Por su parte, la interferencia RNA es un proceso que ocurre de forma natural en las células. Se cree que el RNA de interferencia complementa el sistema inmune y juega un papel importante en determinadas enfermedades infecciosas bloqueando la reproducción de virus parásitos. Imitando a la naturaleza, los científicos tratan de diseñar y sintetizar RNA de interferencia para bloquear la expresión de un gen. El RNA de interferencia activa, incrementa, desactiva o reduce la actividad del mRNA (RNA mensajero), acoplándose a él y rompiéndolo.
Aunque ambas tecnologías buscan el “silenciamiento” de genes, el procedimiento empleado varía en cada caso. La terapia “Antisense” -cuando actúa tras la trascripción- recluta en el proceso la enzima RNasa H, mientras que la intereferencia RNA se vale de la enzima RNasa Dicer. Por otra parte, al ser moléculas de cadena doble las moléculas RNAi son considerablemente más grandes que los oligonucleótidos “antisense”.
Los inconvenientes y obstáculos que presentan estas terapias son similares a los de las terapias génicas -de las que conceptualmente forman parte-, y en ellas también son críticas las tecnologías de trasporte ("delivery") hasta las células, la administración sistémica y la reacción del sistema inmune.
Estas terapias tendrían aplicación contra infecciones víricas y distintos desórdenes genéticos como el cáncer, las enfermedades hereditarias y las inflamatorias/autoinmunes, en las que el silenciamiento o modificación terapéutica de la expresión de un determinado gen o familia de genes puede atacar de raíz la causa de la enfermedad.
La tecnología se encuentra en progreso, con terapias y fármacos en diversas fases de investigación y ensayo. No existe por el momento terapias basadas en estas tecnologías que hayan sido aprobadas por la FDA.
En noviembre de 2010 Roche decidió congelar las investigaciones en este campo, lo que puede significar una paralización en su progreso. Las expectativas del mercado respecto a estas tecnologías han sido excesivas en el pasado. Las cotizaciones, totalmente infladas, descontaron en los años 2005 y 2006 una auténtica revolución que nunca se produjo, y unos avances clínicos que se han mostrado muy pobres hasta el momento. El precio actual de las compañías del sector así lo refleja. Además, la crisis mundial de crédito y la aversión al riesgo afectaron especialmente a este tipo de valores especulativos que necesitan constante financiación para hacer avanzar su pipeline. El resultado de todo esto puede resumirse en unos pocos datos reveladores: Marina Biotech (NASDAQ:MRNA) ha caído desde $80 en aquellos años a $1,5, Alnylam Pharmaceuticals (NASDAQ:ALNY) de $35 a $9,30, ISIS Pharmaceuticals (NASDAQ:ISIS) de $18 a $9 y RXi Pharmaceuticals Corporation (NASDAQ:RXII) de los $10 a los $2 (datos de fin de ejercicio 2010). Aunque no lo he señalado en sus apartados correspondientes, algo parecido podría decirse de la evolución bursátil de los valores especializados en terapias regenerativas y génicas.
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