martes, 5 de julio de 2011

Valoración

La tarea de valorar una biofarmacéutica está llena de incógnitas, pero es imprescindible su estimación para disponer de una referencia básica. El procedimiento formal es más sencillo que para empresas de otros sectores, en tanto que el modelo de negocio también lo es y el número de variables es más reducido. Sin embargo, desconocemos la mayoría de esas variables y de poco sirven las proyecciones. Hemos de recurrir a juicios de probabilidad y grados de certeza basándonos en la información disponible, y aunque recurramos a la esperanza matemática para calcular el valor, sabemos que el resultado final será en muchos casos “o todo o nada”.

Técnicamente el valor se hallará estimando el valor actual (Net present Value; NPV) de los flujos futuros netos (ingresos - gastos) esperados de los productos comercializados, de aquellos en desarrollo (del pipeline) y de los provenientes del licenciamiento de tecnología/candidatos. A la estimación obtenida habrá que agregar el valor actual de su propiedad industrial (patentes, etc.), así como el efectivo con que cuente en el momento presente, y restar el montante de la deuda (generalmente baja en este tipo de compañías). Estimaremos diversos valores a en función de escenarios alternativos y análisis de sensibilidad.

El valor de cada producto dependerá del precio y del volumen de ventas actuales y esperadas, distinguiendo 2 periodos, el de venta bajo protección de patentes y el posterior, en el que el precio de venta tenderá a caer por presión de los genéricos y la amenaza de productos más eficaces.

Si un producto se encuentra en desarrollo, su valor actual estará en función no sólo de las ventas potenciales, sino del grado de avance en su desarrollo y de la probabilidad de éxito/fracaso en fase clínica y de los años que resten hasta su comercialización. A más años, más riesgo y menor valor actual de unos ingresos más lejanos en el tiempo y, por tanto, más inciertos. Personalmente no descontaría nunca flujos de productos que no hayan superado al menos la fase I, salvo –y con muchos reparos- que el producto pertenezca a una plataforma tecnológica probada. Podremos empezar a hacer estimaciones relativamente consistentes de aquellos productos que hayan superado la fase II con resultados netamente positivos. En realidad, sólo al término de una fase II un fármaco comienza a tener verdadero valor económico; hasta entonces, no es más que propiedad intelectual de incierta aplicación, y el valor es puramente especulativo.

Es evidente que el aspecto más crítico en la valoración de un producto en desarrollo es el cálculo del riesgo o la probabilidad compuesta de que 1) culmine exitosamente su fase clínica, 2) supere en eficacia a los productos competidores, 3) obtenga la aprobación del organismo competente por su seguridad o relación riesgo/beneficio y, 4) sea bien comercializado. Esto requiere un tratamiento más extenso que abordaremos en otro momento. Por el momento dejaremos dicho que el cálculo de esa probabilidad será una función de los resultados obtenidos en fases anteriores del desarrollo (véase esta entrada del blog: "Los ensayos clínicos"), de los ratios históricos de éxito disponibles (existen diversos estudios al respecto, y alguna información al respecto ofrezco en la entrada antes enlazada), del tiempo -cuanto más tiempo hasta la aprobación mayor es la probabilidad de eventos desfavorables- y de la presión de productos
y tecnologías en desarrollo potencialmente superiores.

En cuanto al precio y las ventas estimadas -ponderadas a su vez, en caso un producto en desarrollo, por la probabilidad de éxito- dependerán de múltiples factores: clase de enfermedad (cronicidad, gravedad para la salud, …) y población estimada de pacientes, precio de productos equiparables o directamente competidores comercializados en la actualidad, calidad terapéutica frente al tratamiento estándar y superioridad estimada del fármaco frente a los de la competencia (lo que será determinante en el poder de fijación de precio), posicionamiento en nichos sin competencia o alternativas, efectos secundarios y “labeling” (restricciones en el uso y la prescripción del medicamento), barreras de entrada (fuerza de ventas establecida o no, requisitos para la aprobación en otros mercados, etc.), productos competidores en desarrollo, etc.

Para calcular el valor presente del licenciamiento de tecnología/candidatos aplicaremos un método similar al de los fármacos.

Por definición son “compañías crecimiento” o “Growth Stocks”. En un mercado moderadamente alcista el P/E (Price to Earnings Ratio) del sector -consideradas las biofarmacéuticas con ventas y beneficios- se sitúa en 23, y el Price/Sales Ratio en 5. El margen de explotación es muy variable y depende de muchos factores pero, a modo de referencia, podríamos situarlo en el 35-50%.

Si restamos de la capitalización los activos cuantificables (descuento de flujos de fármacos, cash, deuda, etc.), la diferencia será el precio que el mercado otorga a la propiedad intelectual.

Existe una aproximación enormemente útil para estimar el valor: la comparación con otras compañías similares. Podemos analizar varias compañías biotecnológicas comparando sus activos respectivos (desarrollo del pipeline, potencial terapéutico de cada producto, etc.) y estimar qué compañía está baratas en relación a otras. A diferencia de lo que ocurre en otros sectores, aquí es relativamente fácil comparar manzanas con manzanas.

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