campos de interés

La biotecnología es un campo multidisciplinar de investigación científica y desarrollo tecnológico basado en la comprensión y manipulación de los mecanismos moleculares, genéticos y celulares de la vida.

El nacimiento de la biotecnología, en un sentido moderno, tiene lugar en los años 70, con los fuertes avances de la biología molecular. Genentech (DNA), paradigma del sector y piedra fundacional de la industria biotecnológica, es constituida en 1976. Pionera en la tecnología del DNA recombinante, la compañía informó en 1978 de la producción de la primera proteína humana fabricada en una bacteria, dando nacimiento a la familia Humulin de insulinas humanas biosintéticas.

La biotecnología engloba investigaciones y tecnologías con un vastísimo potencial para dominar los procesos biológicos y aplicar soluciones derivadas de dicho dominio en áreas como la agricultura, la farmacia, la medicina, la ciencia de los alimentos, la producción industrial, la microbiología, la ecología, la ingeniería, la minería y la obtención de energía. Esto da lugar a industrias muy diversas, cada una de ellas con rasgos propios en lo que respecta a fuerzas competitivas, especialización investigadora, tecnologías, aplicaciones y mercados.

La amplitud y marcada diferenciación entre industrias impide abarcar todo el sector biotecnológico. No cabe más remedio que especializarse. Invertir no es un asunto trivial, qué duda cabe, y parte del éxito dependerá de que las decisiones que tomemos estén fundadas en el análisis y conocimiento de industrias industrias concretas.

De entre las industrias biotecnológicas trataremos exclusivamente con la “biotecnología roja”, es decir la relacionada con la salud humana y dedicada -con base en el progreso en genómica y biología molecular- a la investigación y desarrollo de métodos de diagnóstico, ingeniería genética y celular, medicamentos y terapias, tecnologías bioinformáticas, instrumentación y síntesis-producción de biológicos. Hay que precisar que en inglés el término “biotech” habitualmente denota esta "industria roja", la más importante de todas las del sector, a la que pertenece más del 60% (a octubre de 2010) de las compañías consideradas biotecnológicas.

Dentro de esta industria nos interesaremos principalmente por el segmento biofarmacéutico, el cual genera gran parte de la innovación que las grandes farmacéuticas mundiales no consiguen producir –de hecho, más del 75% de los ensayos clínicos en fase II y III y de las solicitudes de registro de nuevos fármacos corresponden a compañías biotecnológicas o se derivan de colaboraciones con éstas. Estas compañías tienen como principales actividades la formulación/diseño de librerías de candidatos, la investigación preclínica, el licenciamiento de compuestos y plataformas tecnológicas y, principalmente, el desarrollo de fármacos y terapias hasta su aprobación por parte de la agencia de medicamentos competente. No hago mención a actividades de comercialización pues, típicamente, estas biofarmacéuticas buscan la colaboración con las grandes compañías para fabricar y comercializar sus productos, aunque no siempre… pero eso forma parte de la historia del surgimiento de las grandes biofarmacéuticas.

Tomaremos en consideración indistintamente compañías que desarrollan medicamentos obtenidos por síntesis química ("Chemical Entities") o de origen biológico-biomolecular ("Molecular Entities").

Prestaremos, además, un interés especial a un pequeño subsegmento biofarmacéutico, el de las compañías que desarrollan tecnologías -nanotecnologías muchas de ellas- para la administración de medicamentos o “drug delivery technologies”. Son varias las razones. Por un lado, las compañías farmacéuticas se enfrentan a la presión de los genéricos y al denominado “Patent Cliff” en los próximos años. Una compañía con una tecnología que mejore la eficacia y biodisponibilidad de un medicamento, y que al mismo tiempo reduzca sus efectos secundarios, puede desarrollar un producto superior y diferenciado a partir de un genérico, o bien licenciar ilimitadamente su tecnología para que otras compañías desarrollen nuevas versiones mejoradas de sus fármacos estrella. El potencial es evidente. La segunda razón es de tipo técnico: muchos medicamentos biológicos requieren una administración compleja en la que el fármaco debe penetrar o ser inyectado de forma precisa en tejidos y células. El fármaco ya no es sólo una molécula, sino que se transforma en un binomio compuesto por el “carrier” -o transportador- y la propia molécula terapéutica. El fármaco carece de utilidad si no dispone de una tecnología y vehículo apropiados que la transporten, por lo que las compañías especializadas en el desarrollo de esos complejos vectores de transporte se vuelven críticas y estratégicas para la industria. Por último, el potencial de estas tecnologías se ve reforzado ante el hecho de que numerosos estudios parecen mostrar que, en un alto porcentaje, la baja eficacia de un medicamento en fase clínica se debe a una administración deficiente del mismo. Una apropiada tecnología "delivery" proporcionaría mejores resultados y elevaría las opciones de aprobación del fármaco.

Las biofarmacéuticas centrarán nuestra atención, pero podremos analizar y tomar posiciones también -aunque de forma más marginal- en compañías biotecnológicas que desarrollan tecnologías de biomarcadores y diagnóstico, genómica y tecnologías de secuenciación, tecnologías de diseño racional de biomoléculas terapéuticas, equipamiento y robótica, servicios, componentes y tecnologías para investigación, así como aquellas que desarrollan tecnologías y procesos de síntesis, cultivo, obtención, depuración y/o fabricación a gran escala de biológicos.

Por mercados, nos centraremos principalmente en el norteamericano. La decisión no es caprichosa: el tamaño y el dinamismo de su mercado, así como la cantidad y calidad de información que produce, lo hacen especialmente atractivo para el inversor que busque aprovechar la tendencia en curso y el enorme potencial que ofrecen las pequeñas y medianas compañías “biotech”. Más del 70% de las compañías biotecnológicas a nivel mundial son de capital norteamericano o cotizan en sus mercados -Nasdaq, NYSE y Amex-, donde encontramos al menos 312 compañías cotizadas (según datos de Google Finance) con una capitalización total que -estimo- sobrepasa los 290.000 millones de dólares, frente a una capitalización total en bolsa del sector “healthcare” norteamericano de más de 2,1 billones de dólares (a fecha 26.10.2010). Otros mercados a los que prestaremos puntualmente atención son el canadiense, el australiano, el británico, el alemán y el francés.

Las compañías serán típicamente "clinical-stage", es decir compañías que ante todo desarrollan tecnologías y fármacos pero que generalmente no los comercializan (por no tener productos aún en el mercado o por delegar esa función en un partner con esa capacidad). En cuanto al tamaño, las compañías podrán encontrarse entre los 50 y los 2.000 millones de capitalización. Este rango tan amplio se debe a que combinaremos compañías altamente especulativas y de gran potencial de crecimiento con otras más consolidadas, de tecnología probada, fuertes alianzas y aún con gran capacidad de innovación y margen para crecer en comparación con los líderes del sector.

En la composición de la cartera serán mayoría las compañías dedicadas al descubrimiento y desarrollo de terapias contra las enfermedades crónicas -respiratorias, cardiovasculares, neurodegenerativas (parkinson, alzheimer,...) y autoinmunes, principalmente- y el cáncer, "pandemias" todas ellas del siglo XXI que consumen la mayor parte del gasto sanitario con tratamientos caros de eficacia relativa. Además, la mitigación del dolor tendrá un hueco en la cartera, así como determinadas enfermedades "nicho" con baja incidencia entre la población y aquellas "huérfanas" para las que no existen terapias o son poco efectivas. Por último, consideraremos preferentemente una serie de prometedores/consolidados campos de investigación entre los que, sin atender a un criterio único y homogéneo de clasificación, cabría enumerar:










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